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La
música
Este año, la música clásica ocupó la cartelera en distintos conciertos
didácticos: Los animales de la música , de Ernesto Acher y
Jorge de la Vega, en el Auditorio de Belgrano, de sólido éxito el año
pasado; La vuelta al mundo en un violín , un estreno de Sergio
Feferovich, en el Auditorio San Rafael, y Manos mágicas , de
Jorge de la Vega, en San Isidro, a los que se sumaron tres óperas
pensadas para los chicos: Proteo y Cangrejo , versión reducida
de la obra de Antonio Texeira, con la Orquesta Escuela de Chascomús y
marionetas como actores, en una régie de Tito Lorefice;
Cenicienta , de Alejandro Cattaneo, interpretada por cantantes
actores, en Liberarte, y Hagamos una ópera , con niños
cantantes, que acaba de estrenarse en el teatro Margarita Xirgu.
En
cambio, la presencia de los conjuntos de música tradicional y popular
para chicos fue mucho menor que en temporadas anteriores. El organismo
líder de estas presentaciones, el Momusi, se quedó sin sala por las
reformas en el edificio del Centro Cultural San Martín, y los
conjuntos más conocidos, que en años anteriores presentaron sus nuevos
CD en salas, este año no estuvieron. Las excepciones fueron Luis
Pescetti con
Inútil insistir , en el Metropolitan; Papando Moscas, que acaba
de editar un DVD, en El Condado, y el conjunto de música celta Tocando
el Aire con El caballero enduendado , en Velma Café. También se
pudo ver la parodia de un concierto, con canciones de Hugo Midón y
Carlos Gianni, presentada como un musical, en homenaje a estos dos
creadores, en el teatro De la Comedia, dirigido por Enrique Federman.
Por
Ruth Mehl
Para LA NACION
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nota en www.pagina12.com.ar
Miércoles, 01 de Agosto de 2007
TRES NOTABLES
ESPECTACULOS BASADOS EN LA MUSICA CLASICA
“Es hora de romper el
prejuicio”
Sergio Feferovich (La
vuelta al mundo en un violín), Jorge de la Vega (Manos mágicas) y
Ernesto Acher (Los animales de la música) defienden la naturalidad de
lo musical ante todo.
Feferovich y De la Vega (Acher, ausente con aviso), músicos que
contactan a los chicos con el mundo clásico.
Por
Sebastian Ackerman
La
música clásica tiene un aura de solemnidad que hace difícil imaginarse
a los chicos ocupando las butacas de un teatro en donde una orquesta
interpreta composiciones de Brahms, Mozart, Beethoven o Vivaldi. Sin
embargo, Sergio Feferovich con La vuelta al mundo en un violín, Jorge
de la Vega en Manos mágicas y Ernesto Acher dirigiendo Los animales de
la música no sólo lo imaginan, sino que también lo llevan a cabo: los
tres ofrecen espectáculos en los que los autores clásicos son el alma
mater de la obra, y los chicos los que disfrutan de ellos. Mezclándola
con ritmos de la música popular (desde tango y folklore hasta un ¡rap!)
y para que los chicos entren en contacto con una sonoridad a la que en
general no están habituados, intentan “descontracturar” un ambiente al
que le cuesta renovar su público. “Si les gusta, es música y lo
disfrutan. Aprovechar esa apertura de los chicos es una manera de
generar nuevas audiencias”, comparten con Página/12.
...”
Por su parte, De la Vega afirma que el principal obstáculo que debe
eludir este género es el prejuicio: “Dar un espectáculo en donde las
músicas se mezclen alternativamente y los chicos, o los grandes, desde
ese mundo puedan entender que se puede acceder a un estilo o a otro
sin grandes diferencias, más allá de que fueron escritas en diferentes
momentos en diferentes lugares, que puede producir los mismos efectos
anímicos o espirituales. Creo que eso rompe con uno de los primeros
elementos que separa a la gente del placer de la música, que es el
prejuicio”, sostiene”…
…. Y
Manos mágicas es la historia de un flautista que es muy talentoso pero
vago para estudiar, y sobre esa base intenta remarcar las
características de cada uno de los instrumentos de la orquesta,
desarmando sobre el escenario a algunos de ellos. “La idea es que el
chico cuando se vaya, si no se acuerda el nombre del instrumento, se
acuerde por lo menos de sus diferencias y su sonoridad”, dice De la
Vega…
…. Me
parece que sería bueno empezar a concretar en hechos lo que todo el
mundo opina. Para romper con la solemnidad que genera los prejuicios,
los músicos tienen que ser muy buenos. Porque son de excelente nivel,
se pueden permitir hacer cosas con mucha seriedad y con muy buen
humor. Y suenan muy bien”, explica Feferovich, y De la Vega agrega
que, según su visión, “el mundo evolucionó, y gran parte de la
separación que hay entre el transmisor y el que recibe es culpa del
músico, que se quedó sentado en ese trono de papel, encapsulado en una
fábula. Por eso, que los chicos no vengan ahora es algo que ya pasaba
antes con los grandes: te das cuenta porque si la obra es buena, la
disfrutan más los padres que los hijos”. El músico confiesa que su
mayor orgullo “es cuando termina el espectáculo y veo a los padres
aplaudiendo, y que se olvidaron de los chicos, porque están tan
enganchados con la obra que y se olvidaron dónde está el chico, que
seguramente está rompiendo todo por ahí”. …
Y para
subrayar el intento de quiebre con la formalidad de la música clásica,
los tres cuentan cómo es que ellos llegaron a escucharla, hace tiempo
ya, cuando ellos eran chicos. De la Vega lo explica como “una actitud
de democracia maternal. Mi mamá me dijo: ‘o elegís un instrumento o te
lo elijo yo’, y hoy soy flautista de la orquesta del Teatro Colón”;…
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